La Prehistoria

Hay muchas teorías sobre los inicios del stand up y hasta cuando debemos remontarnos. Hay quien opina que durante el Big Bang ya habría alguien que comentó “¿No os ha pasado nunca que se expande el universo y parece que hay como menos aparcamientos?”

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Según un estudio de la Universidad de Wolverhampton, el chiste más antiguo del que tenemos conocimiento data del año 1900 a.C. (lustro arriba o lustro abajo) y hace referencia a las flatulencias de una mujer ante su marido. Esto prueba de que los chistes sobre ventosidades son clásicos imperecederos.

Ya en siglo IV o V (siglo arriba o siglo abajo) aparece la primera recopilación de chistes conservada. Se llama Philogelos (algo así como “amante de la risa”) y consta de más de doscientos chistes categorizados por temas. Como esas colecciones con títulos como “1001 chistes para petarlo en cenas”.  Si es que ya está todo inventado.

Pero claro, eso no es stand up comedy puro (aunque muchos crean que es lo mismo). Ateniéndonos a su definición literal, stand up significa de pie y comedy (si mi inglés no me falla) quiere decir comedia. Es decir, que toda aquella comedia que no se hacía sentado, en cuclillas o tumbado en el suelo puede considerarse un precedente. O sea, que debemos empezar a buscar partir del homo erectus.

Arturo González-Campos PrePionero

El stand-up comedy viene del brujo de la tribu en las bodas africanas que se dedicaba a ir por las mesas y hacía chistes con los familiares de la boda a cambio de comida.

Y es que, a fin de cuentas, estamos hablando de alguien solo, frente al público, sin más ayuda que un micrófono y su imaginación.

Podría asemejarse a la definición de acto teatral de Peter Brook en su ensayo "El espacio Vacío", pero con chistes y sin cuarta pared. Y dependiendo del sitio incluso sin paredes.

Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que necesita para realizar un acto teatral. 

Peter Brook  Decorador de espacios vacíos

Ante la imposibilidad de constatar que los trogloditas hicieran stand up, podemos remontarnos a Aristófanes (un griego con túnica muy gracioso que escribía cosas). Él fue de los primeros en usar la parábasis, que era como se llamaba a un momento en que la obra se interrumpía y el coro se dirigía directamente al público para comentar cosas. Y esto era por el siglo V antes de Cristo. Cuando “El club de la comedia” era campo.

A partir de ahí podemos rastrear otras raíces en rapsodas o juglares medievales, en la Commedia dell'Arte, en el music hall británico del siglo XVIII o en Mark Twain.

Mark Twain Gran Autor

Siento haber sido citado aquí como uno de los más grandes autores, porque ellos tienen el triste habito de morirse. Chaucer está muerto, Shakespeare está muerto y yo no me estoy sintiendo muy bien.

Efectivamente, porque el famoso autor de “Las aventuras de Tom Sawyer” (entre otras muchas que son más de mi agrado, pero no cito porque para eso está wikipedia) se labró gran fama como conferenciante cómico en liceos, banquetes, pequeños pueblos y grandes ciudades entre 1867 y 1909. Más de cincuenta años de gira... ¡Ni los Rolling Stones!

Famosos fueron sus discursos cómicos plagados de anécdotas personales, reflexiones sobre la sociedad e ironía en los agradecimientos a sus anfitriones. Allá donde le llamaban, allí iba Mark a dar una charla sobre lo que fuera. Posiblemente influido por los recurrentes problemas económicos que pasó en su vida. ¿Pero acaso no actuamos todos por dinero?

Primero, chicas, no fuméis. Es decir no fuméis en exceso. Segundo, no bebáis, es decir, en exceso. Tercero no os caséis, es decir en exceso.

Mark Twain Escritor en exceso

Sé que habrá otros símiles más logrados, pero al hilo de esto siempre me acuerdo de las intervenciones que Kevin Smith realizó por distintas universidades de Estados Unidos recopiladas en An evening with Kevin Smith. Las anécdotas del director de Clerks (también entre otras. Véase el paréntesis de Mark Twain) y las respuestas que da a las preguntas de los alumnos siempre me parecieron (¿sin serlo?) puro stand up.

Según la escritora Adrian Leblanc, el stand up surge en América porque responde al espíritu de ese país. No es un arte colaborativo, es individualista. No necesita a nadie más. La misma persona lo escribe y lo actúa. Un poco como la figura del cowboy. Pero sin caballo.

Bob Hope. PreTodo

Hay muchos otros posibles pioneros, pero a los fundadores de la moderna comedia estadounidense hay que buscarlos en el vodevil y entre artistas como Jack Benny, Bob Hope, Frank Fay o George Burns. En sus shows hablaban directamente a la audiencia y desde ellos mismos, sin ocultarse tras un personaje (aparentemente).

A principios del siglo XX comienzan a surgir cabarets y night clubs para aquellas personas que iban a shows de broadway pero, al salir, querían seguir divirtiéndose. En ellos se proponían espectáculos de variedades presentados por maestros de ceremonias que contaban bromas breves entre una actuación y la siguiente. Se trataba de un gag tras otro sin estructura fija. Esos gags solían abordar las miserias cotidianas de la vida en la urbe. En estos espacios, además, había mesas en lugar de butacas y los cómicos estaban entre el publico, lo que hacía más fácil romper la cuarta pared. Eso y el alcohol, que hoy día todavía ayuda.

En España el fenómeno del stand up es mucho más reciente. Desde la revolución industrial o la democracia tenemos una tradición de llegar con un siglo de retraso a las cosas. Oficialmente empieza con El club de la comedia (1999) y Nuevos Cómicos en Paramount Comedy. Anteriormente sus orígenes son bastante unánimes. Todo cómico de stand up español desciende de Miguel Gila, quien, seguramente de manera inconsciente, se atenía a las reglas del formato.

Hay otros referentes, sobre todo a nivel local, como Joan Capri en Cataluña o Pepe da Rosa en Andalucía, que podrían considerarse prepioneros del stand up hispano. Además de otros one man shows como Pedro Ruiz, Moncho Borrajo o Pepe Rubianes, que no podrían considerarse propiamente dentro del estilo, pero sí se asemejan bastante a esa prehistoria vodevilesca de Bob Hope y compañía.

Y digno es de mención el monólogo de nuestro Mark Twain patrio, Ramon Gomez de la Serna, quien en 1928 nos dejó una prueba audiovisual (entre otras. Véase Mark Twain y Kevin Smith) de que era un adelantado a su época

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