En una reciente visita a mi ciudad natal quedé con un amigo de la infancia al que hacía años que no veía. Después de ver el paso del tiempo en nuestras respectivas alopecias, recordar amigos en común y anécdotas adolescentes que justificaron mi emigración, mi amigo me preguntó: ¿Se puede vivir de la comedia?

Ignoro si su intención era que me deprimiera y me fuera a casa o que yo invitara a la siguiente ronda, pero le contesté como si me hubiera preguntado Jesús Quintero.

No se vive de la comedia. Se vive para la comedia.

Con alcohol sonó más gracioso.

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Un contrato de trabajo. Esa utopia.

Debo reconocer que sentí un poco de vergüenza cuando en una de mis primeras nóminas en el apartado de profesión aparecía la palabra cómico. Mi habitual neurosis me asedió a preguntas sobre mi futuro económico-profesional: ¿es serio? ¿puedo vivir de esto? ¿me darán una hipoteca en el banco con eso? La respuesta a todas estas preguntas es evidente: No.

Pero no estamos aquí para hablar de mí, como dice mi psiquiatra.

Seguramente querrás saber si con la comedia se gana dinero. Pues es como los pimientos del padrón: Unos pican e outros non.

Las salidas profesionales a la hora de escribir humor van desde actuar en bares de carretera a revolucionar el mundo de la comedia. La diferencia está en el sueldo. Los bares están mejor pagados.

Pero, ¿qué puedo hacer para empezar?

Actualmente para los monologuista existen varios locales a lo largo de la geografía española y de la extranjera que practican eso que los ingleses llaman Open Mic. Noches de micro abierto en las que aspirantes a cómicos pueden probar su material ante público desconocido. Siempre es muy recomendable acudir a esos sitios para ver si realmente lo que hacemos funciona más allá de nuestro circulo de amigos. Eso sí, infórmate un poco del lugar antes de ir. Hay que tener cuidado, porque algunos son tugurios de mala muerte llenos de borrachos en los que si logras sacar risas sin duda podrás dedicarte a esto o convertirte en antidisturbios. Y luego hay otros mucho peores.

No estamos precisamente sobrados de programas de humor en nuestra televisión, pero cuando aparecen (como el cometa Halley cada setenta y pico años) siempre están a la búsqueda de sangre nueva a la que exprimir hasta la extenuación. Si les gusta tu estilo posiblemente te llamarán para que hagas otra cosa totalmente diferente.

Desde hace tiempo las meretrices del humor hemos pedido mejoras en nuestras condiciones laborales y he de reconocer que, con el paso de los años, cada vez somos menos porque muchos se han retirado y otros han muerto de hambre.

¿Por qué hacer humor, entonces?

El humor es un escudo que nos ayuda a enfrentarnos con la espada de la vida que algún día terminará de cortarnos la cabeza

José Luis Alonso de Santos Teatrurgo

La comedia, hay que reconocerlo, es un género menor.

Incluso la risa, socialmente, está mal vista. No tenemos más que fijarnos en las frases despectivas instauradas sin ninguna replica en nuestro lenguaje como “esto no es serio”,“es de risa” o insultar llamando “payaso”. ¿Por qué no insultamos llamando “diputado” o “banquero”?

Es un hecho consumado que en el cine uno no adquiere notoriedad hasta que hace un drama. Las comedias tienen que ser muy trascendentes para ser premiadas o reconocidas por la crítica.

Los autores de teatro o los novelistas son más conocidos por sus dramas. Shakespeare o Steinbeck tiene estupendas comedias, pero se estudian más sus tragedia o sus dramas sociales porque no es plan de estudiar y reír al mismo tiempo.

Siento deciros que la comedia es para el vulgo.

Los filósofos siempre han sido más de pensar que de reír.

Fijaos lo que ha importado históricamente que el libro de Aristóteles sobre la comedia se perdiera. Solo se conserva la parte de “La poética” que habla sobre la tragedia. ¿No lo sabias? ¿No has leído “El nombre de la rosa” de Umberto Eco? ¿Ni has visto la película? ¿Ni has jugado al videojuego? Pues ya tienes tarea.

Dicen que no lo perdió él, que lo había puesto sobre la mesa del salón, que alguien lo cogería, que para él los dos libros eran igual de importantes, que no quería a uno más que a otro, que eran como sus hijos, pero un poco menos apergaminados... Yo creo que mucha ilusión tampoco le haría a Aristoteles la comedia. No era conocido precisamente por su sentido del humor y en otras obras la considera “una imitación de la gente inferior”, donde “inferior” era usado en contraste con los personajes “admirables” de la tragedia.

Sin embargo a Aristóteles parece que le gustaba Aristófanes, el máximo exponente de la comedia griega. Debian conocerse, o igual la gente les confundía por la calle. O a lo mejor solo le gustaba físicamente. Una cosa puramente sexual. Entre griegos era habitual.

Y si desde la antigua Grecia esto siempre ha estado mal visto... ¿por qué lo hacemos?

Quí lo sá.

Probablemente sea porque la risa es una droga de fuerte adicción. Una vez la pruebas es muy difícil desengancharse. Hay caso de cómicos contando chistes por las esquinas a cambio de un par de carcajadas. Algunos mendigan sonrisas en el metro y otros, tienen tal mono de risas, que son capaces de robar chistes al repertorio popular para darse un chute.

Pero vamos, que si lo que quieres es forrarte, hazte ministro o trafica con drogas. O mejor aún, las dos cosas.

Cuando la realidad se convierte en un sketch de humor. 

 

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