Érase una vez, hace no tanto tiempo, en el lejano reino de la televisión...

Cuentan los mas viejos del lugar que existe una señora muy mayor que ve y juzga todos los contenidos que llegan a su televisor. Muchos son los sobrenombre por los que se le ha conocido, algunos de ellos no pueden ser nombrados en el horario de protección para menores, pero a lo largo y ancho del reino catódico se le conocía como “La señora de Cuenca”.

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Esta señora no se caracterizaba por ser alguien demasiado exigente ni con un gusto exquisito. No estribaba en eso su carácter amenazador. De apariencia tranquila y con un talante mas bien conservador y campechano (como el Rey) a priori se conformaba con poco. Lo habitual, aquello que le venia divirtiendo desde su mas tierna infancia. No le gustaban las sorpresas, ni los finales infelices y tenia una gran predilección por abuelos, niños y reuniones en bares. Eso sí, nadie osaba contrariarla o cuestionar sus aficiones pues las repercusiones podrían ser horribles (como el Rey).

Algunos comentaban en voz baja, como temiendo ser oídos, que sus gustos no habían evolucionado y que podían no corresponder a la totalidad de espectadores. Pero aplicando la Ley d'Hondt de los audiómetros su opinión era la que prevalecía, y esto, podía llegar a convertirla en una autentica pesadilla para los guionistas más arriesgados.

Cuenta la leyenda que un joven e imberbe guionista, recién llegado al reino audiovisual, se atrevió a proponer un idea humorística de las consideradas arriesgadas en un programa de audiencia moderada y para todos los públicos (valga la redundancia ya que la practica totalidad de los programas de su país debían ser para todos los públicos).

No pensaba, en su ignorancia, que aquella idea fuera especialmente trasgresora, solo le pareció... Divertida.

-¿Tú crees que esto lo entenderá una señora de cuenca?- preguntó amenazante el responsable de dar por valida la idea, quien tras años de vivir en una estructura enseñoracuencada en ocasiones escuchaba voces de señoras de cuencas en su cabeza que le gritaban “¡Eso no! ¿Estás loco? ¿Me has tomado por una jovencita de New York? ¡Yo soy una señora de Cuenca! ¡Y a mucha honra!”

El joven guionista, inconsciente de la realidad circundante (valga el epíteto) no tomó la pregunta por retorica y decidió ponerse mirando a cuenca y viajar a ese remoto lugar para buscar a la señora y preguntarle por ello cual oráculo de Delfos televisivo.

Muchas aventuras tuvo que afrontar en su camino donde oyó historias terroríficas sobre la malvada anciana y de como convertía los sueños en rutina y la innovación en programas de José Luis Moreno.

Cuando llego a Cuenca y se encontró cara a cara con la señora, el lampiño guionista le contó el chiste que se la había ocurrido, ese que ella no entendería, ese que no le iba a gustar, ese que le excomulgaría del humor y lo convertiría en un paría de la comedia. Lo recitó con miedo, casi lo balbuceó. La señora de cuenca lo oyó. Y se rió.

Alberto Rey Seriófilo

Ella decide qué series se ven y cuáles no. Ella es el baremo de calidad, aceptación, complejidad y temática del sector. "Esto lo tiene que entender La Señora de Cuenca" y "esto le tiene que gustar a La Señora de Cuenca" son frases que todos los guionistas españoles han escuchado unas cuantas veces.

Para aquellos que no lo sepan “La señora de Cuenca” es una entelequia televisiva que sufren la mayoría de guionistas televisivos. Con algunas variantes en su procedencia geográfica o relación familiar (puede ser una abuela o una tía e incluso una madre) pero con parecido gustos y aficiones sirve para desestimar una idea que, según el criterio conquense, no será entendida o no será del agrado de la mayor parte de la población.

Poco a poco, con cada serie nueva, con cada pequeño riesgo que los creadores de series han tomado, la señora de Cuenca se ha ido poniendo mustia porque se ha dado cuenta de que cada vez tiene menos cosas que ver, y oye, al final se ha muerto de pena .

Ángela Armero Guionista No Conquense


Con el avances de las tecnologías y las plataformas de televisión bajo demanda muchos consideran que el reinado de la señora de cuenca está tocando a su fin pero en un país como el nuestro tan partidario de monarquías campechanas creo que esto puede llevar más tiempo del deseado.

En lo que a la comedia se refiere creoaun tenemos que seguir luchando contra esta señora pues si bien existen muestras de humor conquense de calidad en la parrilla televisiva este es tan minoritario que da risa. (De la que le gusta a la señora).

Personalmente no soy creyente y discrepo con los representantes en la tierra de la deidad de cuenca. Si yo lo entiendo, puede entenderlo la señora de Cuenca, porque no es más tonta que yo.

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